jueves, 29 de diciembre de 2016

domingo, 11 de enero de 2009

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El traje para la misión tripulada a Marte podría ser el de un argentino
Sebastián Musso, CEA, Mar del Plata, Argentina


Lunes 3 de julio de 2006, Aula Magna de la Universidad Argentina de la Empresa en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Luego de acreditarnos personalmente (ya lo habíamos hecho por Internet o vía telefónica) los asistentes a la conferencia sobre el Viaje Tripulado a Marte nos preparamos para escuchar y aprender. El clima era verdaderamente el de una misión planetaria, una pantalla gigante mostraba imágenes sobre el planeta rojo y sobre el margen inferior derecho de la misma pantalla corría una cuenta regresiva hacia el inicio de la exposición.

El disertante fue Pablo de León, argentino, ingeniero de la Universidad de Dakota del Norte. Un porteño que cursó sus estudios primarios y secundarios en nuestro país para hacer luego sus estudios superiores en Europa y Estados Unidos. Periódicamente viene a Argentina donde ha dirigido varios proyectos sobre astronáutica, organizó congresos y dicta cursos y conferencias como esta que estaba a punto de comenzar.
El inicio fue histórico. El Ingeniero de León repasó los descubrimientos más destacados sobre Marte desde los mapas confeccionados por Schiaparelli y Percival Lowell hasta los primeros intentos de estudiarlo de cerca por las accidentadas naves de la ex Unión Soviética primero y de las exitosas de la NASA después.

Pablo de León está liderando un equipo de ingenieros y alumnos de la Universidad de Dakota del Sur que diseña uno de los posibles trajes que utilizarán las misiones tripuladas que lleguen a Marte para el año 2020 o un poco más quizás. Cuando un hombre de otro pequeño paso sobre un cuerpo celeste ajeno a la Tierra, que será sin dudas un segundo gran paso para la Humanidad.

Con un presupuesto para materiales de 100.000 dólares aportado por NASA más lo utilizado para sueldos, laboratorios y viajes este grupo de innovadores dirigido por un argentino desarrollo en 14 meses el prototipo de traje espacial que ya fue probado preliminarmente en el desierto de Dakota del Norte. No podemos usar el mismo traje del trasbordador espacial – explicaba Pablo de León – porque este pesa alrededor de 200 kilos y en Marte, con un tercio de la gravedad de la Tierra sería como tener que soportar unos 70 kilogramos de peso extra el astronauta mientras trabaja fuera de la nave, algo que lo cansaría rápidamente. En el espacio no hay problema, en gravedad cero cuanto más pesado el traje mejor pero no podemos usar el mismo para Marte y no sería este que estamos haciendo el mismo que se utilizaría si fuéramos a otro sitio.

Otro problema que están sorteando es la contaminación. Marte tiene gigantescas tormentas de polvo que levantan material de la superficie, un polvo rojo pero que se pega a la ropa como el talco que haría que los cierres quedaran inutilizados en pocas salidas al exterior de la nave y los pliegues de la ropa imposibles de limpiar en la misma misión. Otro tema importante es la movilidad. Comparándolo nuevamente con el actual traje de los astronautas de las misiones del trasbordador el ingeniero de León explicaba: En los viajes a la órbita terrestre todas las tareas están preparadas para que el astronauta las realice a la altura de su cabeza hasta el torso, fácil de ver por el visor del casco, sin necesidad de movimientos extremos, pero esto será diferente en Marte. El astronauta tendrá que mirar por donde pisa, querrá ver sus pies, y eso nos obliga a buscar un área de visión mucho más amplia.

No sólo en el casco, también en todo el traje, ya no con un torso rígido como el del traje actual, el hombre en Marte tendrá que superar un terreno irregular, deberá agacharse a recoger muestras del suelo y esto llena de nuevas articulaciones al prototipo del ingeniero argentino y su equipo. También hay que mover el centro de gravedad del traje, en las misiones Apollo estaba muy alto y los astronautas se tambaleaban mucho en cada salto sobre la superficie de la Luna.

El traje será azul, al menos ese es el color que eligieron los miembros del equipo del ingeniero Pablo de León por considerarlo el color que más se destaca en el entorno marciano. Todavía no han hecho el soporte de vida, según el disertante de la conferencia dada en la UADE de Buenos Aires “las mochilas” actuales son muy buenas y con pocas modificaciones podrán estar listas para mantener a un hombre en la superficie de Marte.
Pero hay otras tantas cosas por resolver, la misma nave que llevará a la tripulación a casi 100 millones de kilómetros de la Tierra no está definida, tampoco la colaboración internacional que seguramente será necesaria para una empresa de tal magnitud. El trampolín, la Luna, no ha sido visitado por el hombre desde la Apollo 17 a principios de los años 70 y la próxima misión aún no tiene fecha. Son muchas decisiones aunque ya existe la intención, quizás no sea en 2020, tal vez tengamos que esperar un poco más, pero llegará el momento en que todos los televisores del mundo estén viendo la misma imagen, donde la Humanidad este representada por solamente cuatro, cinco o seis hombres que llegarán a pisar por primera vez otro planeta y si todo sigue como hasta ahora el traje que los protegerá de ese ambiente hostil habrá estado diseñado por un ingeniero argentino.

Dos amigos muy observadores

Nunca podré disimular (aunque no se muy bien si quiero) mi admiración por dos personajes maravillosos de la Historia de la Astronomía. Uno es Galileo Galilei, quizás el más grande científico de todos los tiempos, quizás, el primero de ellos como fundador de un método de trabajo, genio interdisciplinario como muchos de su tiempo uso su telescopio para descubrir cientos de nuevos cuerpos celestes y su mente para diseñar decenas de experimentos que lo llevaron a “ver” lo que ni siquiera su anteojo de aumento le mostraba. Kepler, fue un personaje contemporáneo del primero, astrónomo, aunque también astrólogo, matemático, y en cierta medida supersticioso y apegado a las creencias de su tiempo.

Ambos cambiaron nuestra manera de ver el Universo que nos rodea. Fueron genios adelantados a su tiempo pero también fueron personas que nos ayudan a entender ese tiempo en que vivieron. Esa época de religiones omnipresentes, de hombres poderosos y de pueblos oprimidos, la época donde las grandes obras artísticas del renacimiento italiano se generaban al mismo tiempo que las controvertidas teorías de los hombres desafiantes que siempre existieron.

Hace mucho me pregunto cómo serían las cartas que se enviaban Galileo y Kepler, que se decían más allá de las frías reflexiones que nos cuentan los libros de ciencia y más aún, cómo hubiera sido, de haberse dado, un encuentro entre ellos. Es así como desde hace algunas semanas me acompañan en mi casa dos nuevos personajes para acercar la astronomía a los más pequeños, primero, pero conciente que estos tendrán un guiño de complicidad enorme con los adultos. Entre canciones, bailes, algo de circo y muchas imágenes de astronomía esta naciendo una obra de teatro con dejos de astronomía. Es la historia de dos amigos que se juntan para enseñarnos cosas, la misma sensación que tengo cada vez que leo algunas de esas maravillosas obras que ambos dejaron para la posteridad, dos amigos, que maravillados por lo que los rodea deciden encontrar la manera de contárselo a los demás, y eso, no puede terminar de otro modo que en alegría.
Planetas 3D: Una nueva herramienta didáctica para la enseñanza de la astronomía

Hoy lo multimedial se ha convertido en una herramienta indispensable para la divulgación científica. Cuando damos una conferencia, o cuando asistimos a una, ya no nos conformamos con imágenes estáticas mostradas por un proyector de diapositivas, hoy las diapositivas son las que nos presentan programas de computadoras, que mezclan imágenes con textos, diseños a medida y la posibilidad de mostrar videos y animaciones.
En la actualidad, antes que una nave sea lanzada desde algún centro espacial del mundo, animadores y diseñadores de 3D logran simular los escenarios donde estarán, mostrar su funcionamiento y los procesos que la llevarán a aportar nuevos conocimientos para la ciencia. De alguna manera, vivimos las cosas antes de que ocurran. Recreamos edificios como serán construidos en un futuro o como lucieron cientos de años atrás en sus épocas de esplendor.

Desde hace algunos años mi acercamiento a la enseñanza de la Astronomía para niños me ha llevado a imaginarme las cosas de formas diferentes. Estoy habituado a otorgarle rasgos humanos a los planetas y caricaturizarlos para conseguir transmitir diferentes conceptos en mis charlas y talleres a los más pequeños. Para mi los planetas (principal temática que abordo en la enseñanza de esta ciencia a menores, digamos, de 10 años) tienen voces que he creado, elementos que los acompañan y hasta personalidades inconfundibles como la doble personalidad de Marte, queriendo hacerse el malo por momentos y “quebrado emocionalmente” porque esta oxidado por otros. Urano indiscutiblemente me parece un ser somnoliento que gira acostado alrededor del Sol y Venus, un personaje afiebrado producto de una rara enfermedad planetaria llamada efecto invernadero.

Esta forma de ver la Astronomía es la que me ayuda a estructurar mis libros, la que me llevó a crear los títeres que me acompañan en mis actividades y las que ahora se lanzan a la pantalla de una computadora o un televisor en forma de animación 3D como personajes de dibujos animados. Los planetas de esta manera hablan, caminan e interactúan comentándose sus características principales, son personajes que nos pueden llevar a un sin fin de historias apasionantes, a grandes aventuras con el condimento extra de poder enseñarnos de la mejor manera que puede lograrse: pasándola bien y divirtiéndose.